La Navidad contra el Estado laico

Hasta estos momentos había pasado casi inadvertida para mi la polémica que cada año arde en otros lugares del mundo, no en México, respecto a los festejos públicos oficiales de la Navidad.

México, igual que muchos países del mundo occidental es, Constitucionalmente hablando, un Estado laico. No hay religión oficial, las leyes y políticas públicas son independientes de los dogmas y prácticas religiosos. No voy a escribir aquí una gran exposición acerca del porqué el principal rasgo de la civilización occidental y la Ilustración que dio nacimiento a la modernidad es el concepto de laicidad y porqué protege a la sociedad en contra de la inmensa miseria que se vivía antes bajo el totalitarismo teocrático. Ya todos debemos conocer esa historia.

Año con año, nuestras ciudades y pueblos se inundan de adornos con motivos religiosos a propósito de la festividad del natalicio del profeta del cristianismo (alegadamente hijo de su Dios).

Sin ningún reparo en la evidente contradicción de esa práctica con el principio constitucional de separación Iglesia-Estado y la laicidad del régimen de organización política del Estado mexicano, se invierten cantidades ingentes de dinero del erario público en esta fiesta de culto religioso cristiano.

Para muchas personas la observación generalmente superficial sobre este asunto es que se trata de una tradición mexicana, lo cual por supuesto que es falso, ya que precisamente nuestra historia nacional revolucionaria es la de la rebelión contra el intervencionismo religioso en la vida pública de la nación. El culto religioso debe ser eminentemente privado y sólo público cuando no altere el desarrollo de la vida republicana laica que, teóricamente, garantiza la sana convivencia entre grupos seguidores de diferentes tipos de fe y también con los no creyentes.

Otros comentarios que he escuchado al respecto están todavía más repletos de ignorancia porque aseguran que México es una nación cristiana y que por ello esas festividades deben ser patrocinadas por el Estado; cosa que no podría ser más contradictoria con la realidad, no solo estadística, sino legal e históricamente hablando.

El saqueo de las arcas del erario público para el pago de los adornos y representaciones religiosos del mito del nacimiento del hijo del Dios cristiano, es una de las tantas burlas y violaciones al régimen Constitucional y a la laicidad del Estado.

Resulta una hipocresía oponerse a la entrega de los recursos naturales energéticos a los extranjeros mientras se realizan paseos nocturnos admirando la insulsa iconografía cristiana en vulgares luces de colores colgadas de edificios públicos.

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